foto: petreraldía.com
Desde que estoy pisando montes no he parado de encontrarme en lugares más o menos localizados con basura humana. No hay que ser un lince para darse cuenta de que esto es un acto incivilizado y que no debería de suceder en ningún caso, tenga o no la zona en cuestión contenedores municipales para este fin. Me gustaría desde este blog que todos hiciéramos un esfuerzo por evitar su existencia.
Estas basuras se pueden clasificar en categorías.
Basura industrial.
Son los materiales que sobran al hacer una valla, tender o reparar un cableado, construir carreteras o caminos que atraviesan los espacios naturales. Los obreros estiman que les cuesta menos abandonarlos allí que transportarlos de nuevo al almacén, y ¡total, nadie se va a dar cuenta!
De este tipo se pueden encontrar abundantes muestras en la rambla del Puerto de la Cadena por ejemplo.
Basura escombro.
Curiosamente la suelen generar los habitantes cercanos al medio natural, que deberían ser los que mayor interés tuvieran en conservarlo. Algunas personas se deshacen de un water que han cambiado, unos ladrillos que le sobraron o el antiguo alicatado del baño en la rambla más cercana por no contratar un contenedor que es mucho más caro.
La basura de eremita.
Es una especie autóctona. La suministran los herederos de la tradición eremita de los alrededores de La Luz. Todavía hoy día ocasionalmente algunos amantes de la soledad y la meditación se instalan a vivir una temporada en las cuevas que ocuparon a partir del siglo XVII los ermitaños del llamado "Desierto del Salent", abandonando luego dentro de ellas todo su mísero ajuar. Quede claro que estas personas nada tienen que ver con los ejemplares Hermanos de la Luz, que hoy habitan el eremitorio Nuestra Señora de la Luz, y que son herederos espirituales de los constructores y primeros habitantes de estas cuevas.
Este tipo de basura se puede encontrar en la cueva que hay en la rambla del Sordo, justo enfrente de la senda de subida a la mina del Cerrillar y en las cuevas que hay en el cabezo del Espíritu Santo.
Interior de una cueva abandonada por su eremita
La basura, basura.
Basura sin discusión. A veces en bolsa de basura incluso. La introduce en el monte un grupo familiar o de amigotes, el cuál, después de pegarse una comilona la abandona en los claros del bosque o en las zonas recreativas, porque le es más cómodo dejarla que llevársela a su casa o al contenedor que a veces está a sólo unos pasos. Esta dura poco en la bolsa. Los zorros la destripan por la noche y dispersan los restos por los alrededores.
De este tipo de basura lo más curioso que he visto es una bolsa perfectamente cerrada y que el incívico que la abandonó tuvo la precaución de dejarla colgada de la rama de un pino, para evitar que las alimañas la rompieran y en espera de que un misterioso camión de la basura pasara por en medio del bosque y la recogiera seguramente después de las 8 de la tarde.
La basura borrachuza y gamberríl.
Esta es especialmente peligrosa y consiste en botellas de cristal, latas y otros desechos de fiesta que después del botellón son arrojados en laderas y barrancos como si así se los tragara un agujero negro y nadie los volviera a ver jamás. Aparte de la marranería y el daño al medio natural, los cristales actuando como lupas y combinados con el sol, han sido en ocasiones los causantes de incendios que se podían haber evitado con un poco de educación y sentido común.
De este tipo de basura siempre ha habido grandes cantidades por ejemplo bajo el mirador de la Cresta del Gallo.
La basura sexual.
Son ingentes cantidades de preservativos y pañuelos de papel abandonados por todo el monte, resultado de las demostraciones de cariño mutuo en el medio natural, a veces también he encontrado alguna manta, incluso colchonetas.
De este tipo de basura hay una gran concentración, hasta llegar a lo vomitivo, en el primer tramo del sendero paralelo a la carretera que va desde el camino antiguo de los Teatinos al Eremitorio de La Luz.
Basura sport.
Envueltas de barritas energéticas de colores psicodélicos y botellines de bebidas isotónicas que abandonan generalmente algunos ciclistas, los cuáles, al ir a tanta velocidad, no pueden parar para meter el desecho en la mochila de donde lo sacaron e imitando a los grandes ciclistas del Tour lo tiran por la cuneta sin dejar de mirar al frente. Ya vendrá "la organización" a recogerlos.
He visto muchos de estos envases por la Muralla de King-Kong y por la Senda Bonita.
Microbasuras.
Las llamo así por ser de pequeño tamaño cada unidad, tanto que muchas veces pasan desapercibidas, pero que en muchos casos, especialmente si se da concentración, constituyen un afeamiento importante del medio. Son estas basuras, las colillas bien apagadas, cáscaras de pipas, cacahuetes...
Este verano en la cima del Mulhacén empecé a detectar niveles alarmantes de esta mini-inmundicia.
Basura ecológica o biodegradable
Basura ecológica o biodegradable.
Por último y no menos importante la basura ecológica o biodegradable. Esta se abandona casi con buena intención. Para que coman los pajaritos u otros animalillos del bosque. Son las mondas de naranja, las pieles de plátano, cortezas de melón y otros restos variados de comida que algunos dejan a conciencia como un regalo cuando terminan de almorzar, en el convencimiento y buena fe, de que su carácter orgánico las van a reintegrar rápidamente en la naturaleza, nutriéndola incluso. Sin embargo, qué desagradable es ver cuando caminas por los senderos esos restos que permanecen allí durante meses antes de convertirse en abono, si es que lo hacen.
Cabe también dentro de este apartado los excrementos de perro que a veces se ven en mitad de los senderos porque su dueño piensa que como esto es naturaleza allí no hace ningún daño y los excrementos humanos que algunas veces me he encontrado en las corraletas de piedra que utilizamos para hacer vivac en Sierra Nevada. Parece mentira que el depositor no piense que otro montañero tendrá que dormir allí en la siguiente jornada.
La solución.
Por último y no menos importante la basura ecológica o biodegradable. Esta se abandona casi con buena intención. Para que coman los pajaritos u otros animalillos del bosque. Son las mondas de naranja, las pieles de plátano, cortezas de melón y otros restos variados de comida que algunos dejan a conciencia como un regalo cuando terminan de almorzar, en el convencimiento y buena fe, de que su carácter orgánico las van a reintegrar rápidamente en la naturaleza, nutriéndola incluso. Sin embargo, qué desagradable es ver cuando caminas por los senderos esos restos que permanecen allí durante meses antes de convertirse en abono, si es que lo hacen.
Cabe también dentro de este apartado los excrementos de perro que a veces se ven en mitad de los senderos porque su dueño piensa que como esto es naturaleza allí no hace ningún daño y los excrementos humanos que algunas veces me he encontrado en las corraletas de piedra que utilizamos para hacer vivac en Sierra Nevada. Parece mentira que el depositor no piense que otro montañero tendrá que dormir allí en la siguiente jornada.
La solución.
Para todas esta basuras no hay más que una solución: Llévate en tu mochila de regreso toda la basura que has generado, incluso un poco más si puedes o tienes buena voluntad. No es cuestión de poner papeleras y guardias cada metro. Es cuestión de educación y sentido común.
Después de pasar por el monte, procura que quede como si nunca nadie hubiera estado allí.















